Tú y yo; una y otra vez, aunque el mundo esté al revés. Tú y yo tenemos una historia, una historia especial que se entrelaza con singularidad; como música en medio del mar, su sonido se extiende sin parar. Descubrirte en medio de las olas, oírte sin hablar; conocerte me llevó a amarte, comprenderte me inspiró a quedarme; nuestros sentidos tienen conexión, por gusto, y por elección. A tu lado, y no sin ti, incluso aunque el universo llegare a su fin. Mirar con otros ojos y tocar, incluso, sin las manos; conectar nuestras almas, encontrando siempre calma. Calma que no alarma, silencia el ruido, y hace eco en nuestros latidos. Encontrarte sin buscarte, porque cuando te busqué no te hallé. Hoy mis ojos pueden ver, lo que mi mente soñó el día de ayer. Tú y yo, somos dos instrumentos, diferentes en lo especial y especialmente diferentes. Buscamos lo esencial y tocamos lo celestial, tocamos el cielo sin alejarnos de la tierra, porque no necesitamos subir al cielo para alcanzar las estrellas. Tú mi sol, yo tú estrella; nuestro firmamento, nuestra esfera.
Tú y yo, dos almas, dos cuerpos, un solo ente. Porque desde que tocaste a mi puerta, sentí el pálpito que el corazón no niega. Y es que... ¿qué habría pasado si hubiera hecho caso omiso a ese llamado del destino? Seguramente mi existencia continuaría en penitencias, fría, apagada, como campos de nieve helada. Tú y yo sabemos por qué ocurrió todo esto, pero no es necesario mencionarlo. Somos conscientes de lo que queremos. Somos dos remos que propulsamos esta embarcación en la misma dirección. Porque sin ti no sería posible avanzar, sin mí dicha tarea también sería compleja de realizar. Lo hacemos por voluntad y gusto propio, y no es para menos, ya que nuestras mentes no mienten. La conexión habla por sí sola, aun si no usara palabras. Tú y yo, aun si todo está volcado, sabemos que entre nosotros no faltará bocado. Sentir que contigo mi ser quiere convivir, es un dogma tan fuerte que no se puede eludir, sino al contrario, un lugar al que siempre deseo ir. Tú, que me brindas gozo sin igual; yo, que te otorgo atención sin parar. Así, pues, constituimos todo lo que ambos queremos dar, y no solo gozo y atención, sino todo un ramillete que comprende sobrado sentimiento y emoción.
Tú y yo, danzando al ritmo de nuestros pensamientos, es un momento que deseo perdure en nuestro firmamento. Eres la estrella que alumbra mi cielo y no escatimaré en darte siempre las gracias por ello. Tú y yo, uno solo por siempre.