miércoles, 24 de noviembre de 2021

La tranquilidad de encontrar un hogar, un hogar no de nombre, sino donde precisamente, puedes utilizar tu nombre

Cada mañana al despertar, y antes que llegue la noche para la cabeza recostar, se da un día, un día en el que cada uno busca lo suyo propio, entre malabares, y piruetas; entre subidas y bajadas; entre largas caminatas, y cortos descansos; entre el correr para que alcance el tiempo, y llegar a tiempo; en el transcurrir hemos recorrido tantos lugares, por lo menos durante minutos; hay lugares donde nos toca estar por obligación, y por mucho tiempo; hay otros donde la estancia se da por corto tiempo y sin embargo, queda la satisfacción de haber estado.

Pero debemos siempre saber que no somos bien recibidos en todos los lugares, hay lugares en los que insistimos estar, pero la puerta cerrada está; quizás, hay lugares que siempre han tenido la puerta abierta, pero no nos gustaría estar ahí. Precisamente, se debe juntar el querer y el poder, querer estar en el lugar y que puedan abrir la puerta para entrar. En medio de todo ello, tocamos puertas que nunca se abrirán, otras que quedaron a medias, otras que aún no sabemos lo que sucederá. Raras son las puertas donde se siente la seguridad de tocar, pero siempre encontramos lugares donde sucede lo que siempre hemos anhelado, y que nunca se ha cumplido.

En ocasiones, primero debemos pasar por puertas incorrectas y lugares equivocados para llegar al lugar donde el alma encuentra su sentido, y donde la tranquilidad se escribe en letras de inicio y de permanencia. Después de tocar tantas puertas, a veces, llegamos al lugar correcto cansados, sin aliento, a punto de caer con las fuerzas a punto de desvanecerse. Cuando el lugar es el correcto, no importa como llegamos, con seguridad ese lugar nos va a transformar. Curar heridas profundas y superficiales, heridas que no dejen huella, sino que sane por completo la piel, tanto así que, después de muchos años el recuerdo cause risa en lugar de llanto. Cuando uno encuentra ese lugar, este se llama hogar, dulce hogar, el lugar donde nos sentimos como realmente somos, el lugar donde no se necesita mentir para encajar. El lugar que sana sin herir.

La tranquilidad de encontrar un hogar, un hogar no de nombre, sino donde precisamente, puedes utilizar tu nombre. Un hogar donde ser tú mismo es el secreto especial de la felicidad. El hogar donde reina el amor, y donde se respira con olor la felicidad.


El Bardo

sábado, 13 de noviembre de 2021

¿Qué provoca la música en ti?

Hablando directamente

Sin temor a equivocarme, y de esto sí que no dudaría un solo instante, es que entre los placeres más satisfactorios de la existencia, ya sea en este universo o en cualesquiera, es el de disfrutar la música. Degustarla, dejarse llevar por ella, también analizarla, dejarse cautivar por lo que indican los ritmos, la línea melódica, la letra (si tiene), la inspiración, el creador y todo lo que él significó en la historia, adicionalmente el contexto en el que fue compuesta; la distintiva armonía, los timbres, las texturas, el colorido orquestal, instrumental o vocal, entre otras características. Puede que otras personas tengan una clasificación diferente, pero de acuerdo a mi experiencia, esas han sido las cualidades que más destaco a la hora de decir si una canción u obra o me gusta o no, o si la disfruto, la encuentro interesante, atractiva, con propósito, y sin ser tan superficial. Me gusta entender su estructura, cómo se desenvuelve, qué motivos suenan y qué instrumentos los tocan, cómo se acompañan, cómo van creando y enriqueciendo la memorable melodía, esa que nadie le sabe el truco o la fórmula. Una buena melodía es distintiva y te atrapa por varias razones y se pega en tu mente porque la encuentras demasiado efectiva o porque te hace feliz o te impresiona.

Conocer tus gustos, ampliar los compositores a conocer e ir más a profundidad con los que estás más familiarizado. Saber discernir entre "mejor" y "favorito". En eso caemos mucho a la hora de evaluar algo. Porque que sea mejor no significa que a todos nos tiene que gustar, o si es favorito no quiere decir que fue uno de los pilares de la música occidental. Todo depende de cómo lo perciba el oyente y de evaluaciones juiciosas e imparciales sobre determinada composición.

Todo esto no lo hago con el fin de alardear de si poseo conocimiento musical gracias a haber estudiado en un conservatorio, una academia, universidad u otra organización; tampoco para decir que un género es superior a otro porque eso depende más de los gustos de cada quién. Imaginen 8.500.000.000 de seres humanos poblando este agonizante planeta. Alrededor de 8.500.000.000 almas que viven contigo en un día como hoy, 12 de noviembre de 2021, a las 11:34 de la noche.con miles de alegrías, sueños, ilusiones, amarguras, tristezas, dolor, etc. cuyos gustos y formas de sentir son únicos o tal vez parecidos hasta cierto punto, pero exactamente iguales no son. Mi conocimiento es empírico. Todo lo que sé se lo debo a que soy autodidacta, aunque no necesariamente uno muy consagrado en la teoría sino más en la práctica, lo cual implica mucha escucha de música clásica, principalmente, ya que es el género musical que más me ha impactado, deleitado, asombrado, maravillado, conmovido, alegrado... y hasta el día de hoy sigue dejándome atónito ante lo magistral, glorioso, incluso épico y bizarro en el sentido anglosajón de la palabra, que han significado para este oyente y todo esto me ha proveído de inmenso placer... Quiero decir, puede abarcar un poco, o abrazarlo todo, o casi todo. Escoger esa música que te hace poner hilarante, frenético, composiciones que pueden llegar a ser mayestáticamente épicas y/o insondablemente líricas, de profundo sentimiento entrañable, lo que yo llamo en inglés "lovely": música encantadora, amorosa, candorosa, idílica, entrañable, de esa que posee una dulzura de la cual es menester imposible resistirse.

Escuchar desde el Renacimiento hasta el siglo XXI, más que todo hasta 2016 o 2018, o a veces lo que se ha compuesto en plena reactivación musical post-pandemia. Ir desde Thomas Tallis con su sublime Spem in alium, pasando por la obra maestra de la Misa en si menor Bach, las sonatas para teclado de Scarlatti, yendo a través de los peregrinajes de las sinfonías y cuartetos de cuerdas de Haydn, cuyo alumno fue un talentoso, vigoroso y revolucionario Beethoven, quien a su vez inspiró a futuras generaciones de compositores venideros como Mendelssohn, Schumann, Chopin, Liszt, Wagner, Brahms, Bruckner, Mahler, Strauss, Reger, Schoenberg, Berg, y la lista puede seguir; pero es a su vez lo que estos personajes han influenciado en otros, y así, no dejando perder la tradición y creando nuevos estilos. Uno podría mencionar un compositor y sabría diferenciar sus obras e identificar un estilo que lo haga significativamente diferente del resto, algo como identificar voces únicas como la de Sibelius, Janáček, Nielsen, Copland, Elgar, Prokofiev, Ginastera, Villa-Lobos, Hovhaness, Messiaen, entre otros; encuentro grandiosamente interesante detectar voces y posibles influencias, como un compositor no quiso seguir la corriente del momento, todo tipo de curiosidades y anécdotas que pudieren ser muy memorables.


¿Qué posee la música para que genere esa fascinación en ti?

Algo muy importante que me hace amar la música es la forma en que la vinculo con vivencias, con sucesos, imaginando las intenciones del músico, lo que me hace evocar trayendo una historia o contenido que es genial tratar de entender, o así sea, dejarse llevar por lo inefable e imposible de explicar de este magnífico arte. Es un gran plus si te genera sonrisas y risas por lo extremadamente jovial que es, por lo amigable y cálida que puede llegar a ser, en general por lo alegre, y ya que hablo de alegre, el checo Antonín Dvorák es un artista obligado a la hora de pensar en música alegre y decididamente sofocante en sentimientos edificantes y de bienestar. Así como está este compositor bohemio, también se puede hablar de lo histérico que se conjuga con lo satírico, lo trágico y lo humano del ruso Dmitri Shostakovich. Este hombre cuando quería estallar lo lograba, aunque también cuando se sentía deprimido y agobiado lo transmitía en notas y testamentos oscuros y poéticos al mismo tiempo.

Esa es la magia de la música. Estoy seguro que en otras personas el efecto será diferente, o indiferente, aburrido, llamativo, curioso, ya sea con estas corrientes que muchos consideran "elitistas" aun cuando ese término dejó de usarse o asociarse desde hace mucho tiempo. No sé. En todo caso, gracias a Dios y al universo por crear la música en ese expansivo Big Bang.

Y a ti, ¿qué te genera la música que más te gusta? ¿Qué sientes? ¿Qué te trae a la mente?











miércoles, 3 de noviembre de 2021

La noche siempre llega, pero consigo también llega la mañana...

El día comienza muy temprano, desde que el rocío madrugador se levanta como en devoción, con el pasar de los minutos, o quizás horas, se revelan los rayos del glorioso sol, sol que aun no quema, sino renueva. Los pájaros sin parar, brincan como haciendo figuras en su andar; las calles vacías están, pero en un rato llenas se encontrarán; el agua está tibia, tan tibia que como piel a piel se puede tocar, la corriente es suave, suave en su andar, suave al contemplar.

Los sonidos de la naturaleza no se hacen esperar, y como susurro al oído en mañana tranquila, hablan en un lenguaje especial, un lenguaje que quien lo escucha puede no entender, pero que con seguridad va a comprender... Pasan las horas, la vida y el caminar, muestran todos los lados, todos los lados en su andar, el cansancio ha llegado, las fuerzas se han descontinuado, pero se debe seguir porque llega lo noche, y al refugio han de llegar, desde múltiples lugares en medio de este pequeño mundo suelen llegar. El cansancio va deprisa, pero los ganas doblegan sus fuerzas, y aunque llega la noche, quizás con su "tenebrosa oscuridad", siempre, y nunca casi siempre, debemos recordar que, la noche siempre llega, pero consigo también llega la mañana...

La oscuridad no siempre es sinónimo de peligro y la claridad, no siempre, es sinónimo de seguridad. Así que, aunque venga la oscura, la oscura noche, nunca olviden recordar que la oscuridad también puede ser sinónimo de seguridad, y si no lo es, una y mil veces, recordar que después de la noche, siempre llega la mañana. No importa si es de día o de noche, si es oscuridad o claridad, con seguridad y sin miedo, estaré siempre aquí, estaré contigo siempre. Si es de noche y debemos caminar, con seguridad buscaremos una lampara para alumbrar. Si es de día y hace calor, agua hallaremos para tomar, siempre juntos vamos a estar.




El Bardo