Luego de varios meses sin publicar nada, hoy tuve la necesidad de volver a hacerlo y no sé cómo empezar. Solo puedo manifestar que los últimos dos meses no han sido los mejores momentos, más aún cuando una parte de uno mismo se ha ausentado, se ha esfumado, pareciera que hubiera desaparecido sin dejar rastros prácticamente y mucho menos respuestas. La incertidumbre ha sido mi compañera desde el 30 de marzo del presente año, no una que desearía tener a mi lado en lo absoluto; vivir sin una explicación por esa separación se ha convertido en una pesadilla diaria, cada día que pasa es como un clavo adicional en la cruz de mi tormento.
Aquella prolongada partida de esa parte de mi ser es uno de los filos de la espada, porque el otro corresponde a lo opuesto, a lo que generó ese componente, el complemento mismo, aquel que añoro como nunca había añorado antes y el cual le dio más sentido a mi vida, algo por lo cual me siento eternamente agradecido primeramente con la fuente creadora, con Dios, por permitirme experimentar lo más bonito y puro que una criatura pudiera vivir. No somos dueños de todo lo que sucede en nuestro destino, por lo tanto ese arma que puede hacerte sentir tan bien, también puede convertirse en una herida en tu alma que no pareciera cicatrizar.
Es interesante notar cómo puede cambiar tanto la vida con un giro súbito del destino. Se puede pasar de una tranquilidad relativamente sostenida a un desespero que carcome el corazón, la mente y el alma, desembocando en lágrimas que fluyen como cascadas desde lo profundo del ser. Pero a pesar de todo, increíblemente he tenido la fortaleza y resiliencia para afrontar este suceso. La fe y la esperanza siguen vivas en mí, deseando que nunca se vayan, cultivándolas para que crezcan como árboles con buenos frutos, que el jardinero juicioso que aún habita en mí siga inspirado en su tarea.
La próxima vez que la hoja aparezca volando por el viento, deseo traiga consigo la buena nueva del retorno del complemento y que el arma vuelva a ser de un solo filo, el que no lastima.
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